Buenos Aires, 21 septiembre (NA) — Olvidar una cita, no recordar dónde quedaron las llaves o necesitar más tiempo para encontrar una palabra puede formar parte de situaciones cotidianas, pero cuando los olvidos se vuelven frecuentes, aparecen dificultades para realizar tareas que antes resultaban habituales o se producen cambios que interfieren con la vida diaria, consultar a un profesional de la salud puede ser el primer paso para comprender qué está sucediendo.
La enfermedad de Alzheimer es la forma más frecuente de demencia y representa entre el 60% y el 70% de los casos. En el mundo, 57 millones de personas vivían con algún tipo de demencia en 2021 y cada año se registran cerca de 10 millones de nuevos casos, según la Organización Mundial de la Salud.
En un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas en el marco del Día Mundial del Alzheimer, el Dr. Juan Ollari, jefe del Centro de Neurología Cognitiva del Servicio de Neurología del Hospital Británico (M.N. 56.663), señaló: “Es importante destacar los avances en prevención dado que la población está envejeciendo”.
“Si pensamos a nivel mundial, la población que vive con trastornos neurocognitivos como el Alzheimer está aumentando y se estima que de 57 millones que padecían Alzheimer en 2019 esta cifra se incrementará a 153 millones para 2050”, añadió el especialista.
Las Comisiones ‘ad hoc’ de la prestigiosa revista “The Lancet” (The Lancet Commissions) en sus informes de 2024 y 2025 identificaron 14 factores de riesgo modificables, los cuales en teoría podrían prevenir casi la mitad de los casos de demencia.
Las personas activas tienen menos probabilidades de desarrollar demencia.
Foto: Agencia NA (Magnific)
Según explicó el Dr. Ollari, de los 12 factores de riesgo ya conocidos -menor educación, pérdida auditiva, hipertensión, tabaquismo, obesidad, depresión, inactividad física, diabetes, consumo excesivo de alcohol, lesión cerebral traumática, contaminación del aire y aislamiento social- se suman dos nuevas evidencias contundentes: la pérdida de visión no tratada y el colesterol LDL alto.
Acciones para mejorar la salud cerebral y reducir el riesgo de enfermedades neurodegenerativas
- Educación y actividad cognitiva: asegurar una educación de buena calidad para todos y fomentar actividades cognitivamente estimulantes en la mediana edad y la vejez.
- Salud auditiva y visual: accesibilidad a los audífonos para personas con pérdida auditiva y reducir la exposición a ruidos nocivos. También se recomienda evaluación y tratamiento accesibles para la pérdida de visión.
- Salud mental: tratar la depresión y otros trastornos del estado de ánimo de manera efectiva.
- Prevención de lesiones cerebrales: fomentar el uso de cascos en deportes de contacto y ciclismo, reducir las colisiones de alto impacto y la práctica de cabecear en el fútbol.
- Actividad física: fomentar el ejercicio, ya que las personas activas tienen menos probabilidades de desarrollar demencia.
- Estilo de vida saludable: reducir el tabaquismo, prevenir la hipertensión, detectar y tratar el colesterol LDL alto. Mantener un peso saludable y tratar la obesidad lo antes posible (también ayuda a prevenir la diabetes), y reducir el consumo excesivo de alcohol.
- Entorno y aislamiento social: priorizar entornos comunitarios amigables para la edad y reducir el aislamiento social facilitando la participación en actividades.
- Contaminación del aire: reducir la exposición a la contaminación del aire, ya que está relacionada con la mejora de la cognición y la reducción del riesgo de trastornos neurocognitivos.
“Como vemos, son cambios en el estilo de vida accesibles para la población general. Y es muy importante porque estos hábitos saludables pueden modificar el riesgo incluso en personas con un mayor riesgo genético de trastornos neurocognitivos”, destacó el Dr. Ollari.
Tratamientos y cuidado del paciente
El diagnóstico oportuno de la enfermedad de Alzheimer es una prioridad que permite la gestión y planificación del futuro de ese paciente. En la actualidad hay disponibles tratamientos farmacológicos sintomáticos, estos son los inhibidores de la colinesterasa y la memantina, fármacos accesibles y asequibles (en países de altos ingresos) que atenúan modestamente el deterioro cognitivo en personas con enfermedad de Alzheimer y enfermedad con cuerpos de Lewy, con evidencia de efecto a largo plazo.
Mantener un estilo de vida saludable, es fundamental para prevenir.
Foto: Agencia NA (Magnific)
Además, existen nuevas terapias modificadoras de la enfermedad como los anticuerpos dirigidos a la beta-amiloide (como lecanemab y donanemab), que mostraron una modesta eficacia en la reducción del deterioro cognitivo en la enfermedad de Alzheimer temprana. Sin embargo, estos tratamientos son caros, requieren una monitorización intensiva y presentan efectos secundarios notables, por lo que presenta desafíos para el sistema de salud y limita su uso.
Por otra parte, también se pueden realizar intervenciones no farmacológicas y psicosociales, que implican el trabajo interdisciplinario dirigido de forma personalizada a cada paciente y su familia, ayudando a la calidad de vida del paciente y su núcleo familiar. Este tipo de intervención consiste en la gestión de los síntomas psiquiátricos y el fomento de actividades placenteras. Son acciones que reducen la depresión, la carga y el estrés de la familia y cuidadores.
También es importante mencionar el gran progreso de los biomarcadores, especialmente los fluidos. Los biomarcadores sirven para confirmar o excluir la enfermedad de Alzheimer en casos seleccionados, de presentación o curso atípico de la patología, pero no deben usarse como única base para su diagnóstico como tampoco para personas sin síntomas.
Agencia NA