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Innovar sin desprofesionalizar: el desafío del mercado inmobiliario

Innovar sin desprofesionalizar: el desafío del mercado inmobiliario



En una columna de opinión, José María Armandola plantea que el futuro del corretaje inmobiliario pasa por incorporar nuevas tecnologías y modernizar la formación, sin resignar los estándares profesionales ni el rol de los colegios que garantizan calidad y responsabilidad ante la sociedad.

domingo 07 de junio de 2026 | 19:10hs.

La columna de opinión del Corredor Inmobiliario José María Armandola.

“Es profesión e innovación

He leído con atención lo sucedido hasta ahora y las opiniones vertidas sobre la modernización del mercado inmobiliario y coincido en un punto central: el mundo cambió, la tecnología avanza a una velocidad inédita y la profesión inmobiliaria debe transformarse para estar a la altura de las demandas de la sociedad.

Sin embargo, considero que la verdadera discusión no es si debemos elegir entre resistencia o innovación.

La verdadera discusión es si la innovación debe construirse sobre una profesión sólida o sobre la desaparición progresiva de la profesión misma.

Y allí radica una diferencia fundamental.

Desde hace más de veinte años quienes impulsamos la colegiación inmobiliaria en Entre Ríos, y luego colaboramos en la creación de otros colegios profesionales del país, no trabajamos para construir una estructura corporativa destinada a proteger privilegios. Trabajamos para construir una institución destinada a proteger a la sociedad.

Porque toda profesión existe antes que nada para proteger a quien recibe sus servicios. Ese ha sido el fundamento histórico de todas las profesiones modernas. Los médicos no son médicos porque exista un Colegio Médico. Los abogados no son abogados porque exista un Colegio de Abogados. Los ingenieros no son ingenieros porque exista un Colegio de Ingenieros. Los colegios existen porque la sociedad entendió que determinadas actividades requieren conocimientos específicos, formación sistemática, responsabilidad profesional y control ético. El corretaje inmobiliario no es una excepción.

Quienes hemos recorrido décadas en esta actividad sabemos que detrás de una operación inmobiliaria existen aspectos jurídicos, económicos, urbanísticos, registrales, tributarios, contractuales y humanos que afectan directamente el patrimonio y muchas veces el proyecto de vida de las personas. Por eso la profesionalización nunca fue un capricho. Fue una necesidad social. 

Coincido plenamente en que debemos hablar de inteligencia artificial, automatización, marketing digital, análisis de datos, experiencia del cliente y nuevas tecnologías. Sería absurdo ignorarlas. Pero también sería un error creer que esas herramientas sustituyen la formación profesional. La inteligencia artificial no elimina las profesiones. Las transforma. Y para transformarlas se necesita más formación, no menos. Más conocimiento, no menos. Más responsabilidad, no menos.

La historia demuestra que cada revolución tecnológica elevó los requisitos de capacitación de las profesiones en lugar de eliminarlos. La verdadera respuesta al desafío actual no consiste en rebajar los estándares de ingreso a la actividad. Consiste en elevarlos. No consiste en abandonar la formación universitaria. Consiste en actualizarla. No consiste en debilitar la profesión. Consiste en fortalecerla.

Si queremos que la carrera de grado siga siendo el paraguas protector de nuestra actividad, debemos exigir que incorpore todas las herramientas de la modernidad: inteligencia artificial, análisis de datos, marketing digital, negociación avanzada, tecnologías aplicadas al negocio inmobiliario, nuevas formas de financiamiento, gestión empresarial y todas aquellas competencias que el mercado actual demanda.

Esa es la verdadera materia pendiente. Actualizar la currícula. Modernizar los contenidos. Crear sistemas permanentes de capacitación para los matriculados. Construir una formación continua que acompañe la velocidad de los cambios. Pero siempre desde una profesión. Siempre desde una base académica. Siempre desde la responsabilidad que implica intervenir en decisiones patrimoniales trascendentes para las familias. Porque cuando una sociedad comienza a abandonar la exigencia de formación para ejercer profesiones, inicia un proceso de deterioro institucional mucho más profundo de lo que parece.

Las profesiones son uno de los grandes mecanismos de movilidad social. Permiten que cualquier persona, mediante el estudio, el esfuerzo y la capacitación, pueda construir un proyecto de vida basado en el conocimiento. Cuando desaparecen los estándares profesionales, no triunfa la igualdad. Triunfa la ley del más fuerte. Triunfan quienes poseen mayores recursos económicos, mayores estructuras comerciales o mayor capacidad de concentración del mercado.

La consecuencia es una sociedad más desigual, más impersonal y más vulnerable. Una sociedad donde el conocimiento pierde valor frente al poder económico.  Una sociedad que lentamente se devora a sí misma. Por eso no comparto la idea de que el debate central sea entre regulación e innovación.  Esa es una falsa dicotomía. Las sociedades más avanzadas del mundo son simultáneamente innovadoras y profesionalizadas. Modernas y reguladas. Tecnológicas y académicamente exigentes. La cuestión no es elegir entre una cosa o la otra. La cuestión es integrarlas. También discrepo respetuosamente con la idea de que las instituciones intermedias deban limitarse a observar la transformación del mercado.

Desde Aristóteles hasta Tocqueville, los grandes pensadores de la organización social explicaron que entre el individuo y el Estado deben existir cuerpos intermedios capaces de representar intereses legítimos, generar cohesión social y proteger el bien común. Los colegios profesionales son precisamente eso.

Instituciones creadas para organizar una actividad, defender estándares de calidad, promover la capacitación y representar a un sector ante los poderes públicos. Cuando estas instituciones se debilitan, no se fortalece la libertad. Se fortalece la concentración. Se debilita la voz de quienes ejercen la profesión. Y se reduce la capacidad de la sociedad para controlar la calidad de los servicios que recibe.

Por eso el desafío de los dirigentes actuales no es firmar el certificado de defunción de la profesión. El desafío es mucho más complejo y mucho más valioso. Deben tener el coraje de completar la tarea. Modernizar conocimientos. Actualizar la formación. Incorporar todas las herramientas tecnológicas disponibles. Promover la innovación. Estimular nuevos modelos de gestión. Pero simultáneamente defender con firmeza la profesión, la colegiación, la capacitación obligatoria y especialmente uno de los mayores logros institucionales alcanzados por Entre Ríos: la exigencia de una carrera de grado para ejercer la actividad.

Porque el futuro no pertenece a quienes resisten el cambio. Pero tampoco pertenece a quienes renuncian a los principios que dieron origen a una profesión. El futuro pertenece a quienes son capaces de innovar sin destruir. De modernizar sin desprofesionalizar. De transformar sin desmantelar.

No necesitamos elegir entre el tren de la innovación y el tren de la profesión. Necesitamos subirnos al tren correcto. Aquel que combine conocimiento, tecnología, ética, formación universitaria, capacitación permanente y defensa institucional. Ese es el camino que fortalecerá a los corredores inmobiliarios. Y sobre todo, el camino que mejor servirá a la sociedad”, conluye la columna de opinión. (APFDigital) 





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