Leer cuentos en el Río de la Plata es parte tradición como una elección y un destino. Quizá sea nuestro rumbo pascaliano donde basten tres líneas para un real indomable que garantiza el porvenir. “Debe estar en la noche; en la noche o en el aire, o quizá en el hueco que se genera ahora”, razona el guardia de uno de los cuentos de Los refugios. Ejercicios de cachorro narrador, en estos albergues recuperados Edgardo Scott desgarra la cotidianeidad de los dos mil y practica espeleología anticipatoria de esta rabia contenida y el desamparo que llegó para quedarse.
Caja documental de una escritura fechada, aquella de la camada de escritores nacidos en el derrumbe social y el boom de la nueva edición argentina, estos cuentos editados originalmente en 2010, más agregados del mismo tiempo en la edición de Interzona, bosquejan líneas que Scott transitaría como el sociópata de “Variaciones sobre un crimen” que presagian el asesino serial de la novela de 2024, Yo soy como el rey de un país lluvioso. Pero también deja entrever una máquina narrativa que caracteriza un estilo bien definido, de bordados de ficción calculada, en los que busca hiatos en el principio de la realidad, curvaturas que demarquen trayectorias inesperadas. Una teoría de la intemperie en el decir quiénes somos proponen estos veintiún relatos breves, tanto que un simple rayón en cualquier Dogde Corona empuja a los Raimundis de al lado a la necesidad de “entreabrir esa puerta y asegurarse de que una larga sombra duerma allí como siempre”.
La nota inicial del autor de El exceso advierte, sin embargo, que antes de pistas que permitan coligar “mi escritura”, entrega aquí esquirlas de la generación que creció antiborgeana, en una educación sentimental cocinada de lecturas salteadas de norteamericanos, vanguardias fallidas y talleres literarios bajo el “leer y escuchar leer a mis contemporáneos. Tal vez a todos (como símbolo)”. En esta condensación y desplazamiento se cuelan dictum epocales, algunos aires de Juan Terranova y Pedro Mairal soplan cruzado, aunque la anomalía en Edgardo Scott es encontrar refugio en hermanos mayores como Martín Kohan y Gustavo Ferreyra. La selección, leída asincrónica, permite adentrarse en que se trazaron otras filogénesis, seduciendo e impugnando a los maestros, pero fundamentalmente leyendo fuera del contacto físico y el intercambio oral excesivo comunicativo de los talleres y ciclos, que usurparon lapidarios el lugar del aprendizaje.
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“La distensión me hace imaginar un océano vacío, claro y tibio, profundo y transparente a la vez, donde yo respiro y paseo relajado, ocioso, caminando bajo el agua; es algo improbable en la realidad, me digo, donde el fondo de los océanos es algo negro, helado y por lo general inaccesible” pesca el traductor de “Peces fantásticos (o repaso)”. En otro pasaje señala que “Cada cosa quiere desplazar o someter a la otra, y romper, cuando existe, el delicado equilibrio”. En el acecho más cerca de los bares que de los centros culturales, en el pliegue de la fantasía y la crítica social, Edgardo Scott descorre la sociedad que no queríamos saber de la década ganada.
Los refugios
Autor: Edgardo Scott
Género: cuento
Otras obras del autor: Imaginario; Yo soy como el rey de un país lluvioso; El exceso; Escritor profesional; Luto; Caminantes; Contacto;
Editorial: Interzona; $ 28.900