La experta ambientalista Berta Medrano, representante de GAIA El Salvador, advirtió en el programa de entrevista radial de la YSUCA que El Salvador tiene la menor disponibilidad de agua por habitante en Latinoamérica, con un estimado cercano a 3,300 metros cúbicos anuales por persona, lo que equivale a unos 9.13 metros cúbicos diarios.
Este dato sitúa al país en una situación de estrés hídrico, donde la oferta de agua resulta insuficiente para cubrir la demanda de la población y las actividades productivas.
“Tenemos la menor tasa de disponibilidad de agua por habitante de todo Latinoamérica. Para las actividades óptimas, la cantidad debería ser mayor, según los estándares internacionales que establece el derecho humano al agua, pero no estamos teniendo esa disponibilidad”, afirmó Medrano durante la entrevista transmitida por YSUCA.
Según los datos expuestos por la especialista, la calidad del agua en El Salvador presenta niveles críticos. De acuerdo con los últimos registros de monitoreo permanente, solo el 17% de los sistemas hídricos muestra una calidad regular, mientras que el 75% del agua nacional registra calidad mala y el 8% de los sistemas hídricos está en condición pésima.
La ambientalista puntualizó que estos porcentajes reflejan que prácticamente el 100% del sistema hídrico no es apto ni siquiera para el consumo humano, a menos que pase por tratamientos superinvasivos.
Medrano explicó que la degradación ambiental, la contaminación por aguas residuales, desechos sólidos y agroquímicos han erosionado la capacidad de los cuerpos de agua para sostener la vida acuática y proveer servicios ecológicos esenciales.

Además, aseguró que la falta de infraestructura de tratamiento de aguas residuales y el incumplimiento del marco legal ambiental agravan el panorama. “La oferta no da abasto para la demanda, y el problema no es solo de cantidad, sino también de calidad”, remarcó la vocera de GAIA El Salvador.
De acuerdo con la información compartida en el espacio de la YSUCA, El Salvador cuenta con 360 ríos inventariados, 4 lagos naturales principales, entre los que se destacan Ilopango (el mayor), Coatepeque, Güija (compartido con Guatemala: 30% Guatemala, 70% El Salvador) y Olomega. Además, existen 59 humedales y 4 lagos artificiales vinculados a presas hidroeléctricas sobre el río Lempa.
Estos cuerpos de agua forman parte de un sistema interconectado y están sujetos a una presión creciente por la expansión urbana, la deforestación y el uso intensivo de agrotóxicos. Medrano advirtió que la contaminación y el cambio de uso de suelo afectan no solo la disponibilidad del recurso hídrico, sino también su capacidad de renovación y la biodiversidad asociada.
El sistema hídrico nacional se organiza en 10 regiones hidrográficas, donde destaca la cuenca del río Lempa, que abarca aproximadamente el 60% del territorio nacional y se constituye como la principal fuente de agua para consumo, riego y generación hidroeléctrica.

El Salvador dispone de solo 144 puntos de monitoreo permanente de calidad de agua en todo el país, una cifra que la experta considera insuficiente para la magnitud del reto ambiental. La aplicación de la Ley General de Recursos Hídricos es limitada y la expansión urbana avanza sin exigir plantas de tratamiento ni cumplir lo estipulado en el marco legal ambiental.
“La institucionalidad tiene un rol fundamental que cumplir aquí y no lo está cumpliendo”, enfatizó la representante de GAIA El Salvador en la entrevista con la YSUCA.
Durante el programa, Berta Medrano recalcó que El Salvador ocupa el segundo lugar en deforestación del continente americano, solo superado por Haití. Esta condición agrava la crisis hídrica y la vulnerabilidad ambiental, ya que la pérdida de cobertura forestal reduce la capacidad de captación, filtración y almacenamiento de agua, deteriora la fertilidad de los suelos y facilita la sedimentación de ríos y lagos.
La especialista puntualizó que la falta de protección de los bosques, la expansión urbana sin planificación y el uso indiscriminado de agroquímicos han colocado al país en una situación crítica. Advirtió que la persistencia de estas tendencias podría comprometer la viabilidad de los ecosistemas y la calidad de vida de las futuras generaciones.