Los animales de compañía también pueden resentir una pérdida y mostrar cambios de conducta parecidos al duelo, de acuerdo con Sofía R. Viniegra, profesora de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM citada por UNAM Global; el punto central, explicó, no es si comprenden la muerte como lo hace una persona, sino que perciben la ausencia de su tutor o de otro animal con el que convivían.
Viniegra señaló a UNAM Global que los estudios sobre este tema siguen siendo escasos y que incluso los plazos que suelen mencionarse sobre la duración del proceso no descansan en registros sólidos. En esas investigaciones, añadió, se habla de un duelo de entre uno a tres meses y un máximo de seis meses, pero pidió no tomar esos parámetros como una regla fija.
La especialista explicó que hay pocas investigaciones sobre el duelo en animales de compañía y que varias no son estrictamente científicas, sino filosóficas. Aun así, sostuvo que “de una u otra manera se pueden percatar que algo o alguien falta, ya sea su tutor o su compañero, y obviamente lo resienten”.

La forma más visible de este proceso aparece en la conducta, de acuerdo con la académica de la Facultad de Medicina Veterinaria citada por la UNAM. La apatía, la falta de interés por jugar o salir a pasear, así como alteraciones en el apetito y en el patrón de sueño, pueden indicar que el animal atraviesa por una etapa asociada a la pérdida.
También pueden buscar de manera constante a quien murió o mantenerse cerca de sus objetos. Viniegra agregó a UNAM Global que ese cuadro puede relacionarse con la ansiedad por separación, un problema ya identificado en animales de compañía y que podría aparecer cuando muere un humano o su compañero animal.
Un trabajo elaborado por investigadores de Nueva Zelanda y Australia, citado por UNAM Global, encontró que los animales de compañía que pierden a otro animal con el que convivían suelen revisar los lugares donde éste estaba. Ese mismo estudio refiere que pueden volverse más dependientes, pedir cariño constante y aumentar las vocalizaciones, los lloros o los aullidos, sobre todo en los gatos.
La profesora de la UNAM precisó que no todos reaccionan igual ante una pérdida. Cada animal vive ese proceso de manera particular a partir de su carácter, su historia de vida y el tipo de vínculo que tenía con quien murió.

Viniegra indicó a UNAM Global que el apoyo de los tutores es fundamental cuando un animal experimenta la muerte de su compañero animal. La recomendación es observar de cerca su comportamiento, procurar que conserve sus rutinas diarias y ofrecerle más muestras de afecto.
La especialista subrayó que también hay que respetar esa etapa. En palabras recogidas por UNAM Global: “Aunque es un proceso que quisiéramos evitarles, debemos esperar a que sus emociones se vuelvan a acomodar”.
Cuando la alteración se prolonga demasiado tiempo, la intervención ya no debe recaer solo en el tutor, explicó la académica a UNAM Global. En esos casos se requiere la valoración de un médico veterinario especialista en Etología Clínica (de acuerdo con la Facultad de Medicina Veterinaria de la UNAM, es una rama que se encarga de la prevención, diagnóstico y tratamiento de los desórdenes de comportamiento en perros y gatos), quien hará un examen conductual del animal y determinará qué problema presenta y cuál es la mejor forma de tratarlo.
El texto de UNAM Global retoma además el caso de Hachiko, un perro de raza akita que esperó durante años a su dueño en una estación después de su muerte, como un ejemplo conocido de que los animales también manifiestan apego y sufren la ausencia.